domingo, enero 22, 2012

Presente - Ausente

Estás casi presente, como un murmullo distante o cambio en el viento, eres multitud doblando la esquina o ventisca que anuncia un tornado por llegar, no sé. De repente, en tus labios y tu mirar rebotan a lo lejos los ecos de pasado, los destellos del encuentro renovado por venir.

Estás casi ausente, el ansia de la pérdida me inquieta, asalta y no se diluye por no estar. Como si las inercias de lo mecánico tomaran iniciativa en su propio cauce, conspirando anónimas para evitar la esquina, o para llevar el canto de la lluvia a otro mar, quizás. Y entonces quedo inmerso en tu sonrisa y empapado por tus guiños, quienes resuelven con gozo, por cada momento que llevamos hasta aquí.

Por esto, en cada fragmento de encuentro contigo, recolecto y forjo cristales de afecto radiante, canto de aliento y perenne compartir. Mírame, aquí estoy, sigo aquí. Óyeme, no me alejo ni me voy.


Ricardo Medina Covarrubias
22 enero 2012

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viernes, julio 23, 2010

Prodigios cotidianos


Soy testigo de prodigios cotidianos. No es que salgan en los diarios a ocho columnas, pero sí suenan los clarines y descienden haces de luz a mi corazón. Presencio las noticias más grandiosas, que no son charla de café ni noticiero, sino un diálogo interno de perpetua alegría y la posibilidad de encuentros a corazón abierto.

Invocar de nuevo a los niños. Reír hasta que salten las lágrimas. Reencontrar la belleza interior. Activar la vida en baile y sonrisas. Respetar el silencio y esperar a que sea el momento. Ubicar con gozo la beca por la vida. Coexistir con procesos incomprensibles que también toman su lugar. Entregarse porque sí. Permitir que fluyan las lágrimas hasta volver a reír.

Y tras abrazar estos prodigios de otros, zambullirme en la conciencia de que esos instantes soy también yo.


Ricardo Medina
23 julio 2010

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martes, febrero 02, 2010

Narices rojas

Si con ansiedad y dolor tu familia vela
pues tu niñez por momentos queda coja,
quizá no por insensatez y bagatela
surja también una brillante nariz roja.

Verás tras mi antimáscara que devela
mirada de encuentro y sonrisa boquifloja
que el juego enfocado deja suave estela
para retomar tu andar y desechar congoja.

Me lleno el cuenco de las manos de aliento,
con jerarquía pequeña y tendencias aliviosas
contigo juego a lo que toque en el momento.

Al portar efímero y perenne circo de mariposas,
que para cada hermano en dolor buscan encuentro,
somos canales y testigos de obras prodigiosas.

Con mucho afecto a todos los médicos de la risa, portadores de la esperanza y el bienestar compartido.

Ricardo Medina, 29 enero 2010

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lunes, diciembre 15, 2008

¿Alguien duda?

¿Quién podría dudar que exista en muchos la convicción de resguardar la inocencia? Contra todo lo que la amenace, más allá de las vejaciones mundanas. Supera sin duda toda fragilidad y desencanto, falsamente adultas y más bien adolescentes en su decepción.

¿Quién no reconoce que también hay gozo en la entrega? Y que se puede sonreír simplemente por ver ojos azorados de ilusión y bocas inundadas de sonrisas. Sin más premio que el encuentro, sin mayor recompensa que una dulce clandestinidad.

¿Quién puede negar que la magia se reproduzca en todo el mundo, cada año, generación tras generación? En modos infinitos, al regalar inocencia y entrega, más serenos y plenos quedan todos los pequeños duendes que actúan maquinando sus regalos de ilusión. Y estas cualidades les van encaneciendo y redondeando, con cada regalo y con cada estación.

¿Alguien duda que exista Santa Claus?

© clipp, Ricardo Medina Covarrubias
15 diciembre de 2008

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sábado, abril 26, 2008

Cordialidad

Cada impulso es flujo nuevo en las entrañas. Cada esfuerzo es vida llevada un poco más allá. Y hay veces que cuenta con tan poco espacio para henchirse a gusto y palpitar.
Tanto espacio necesario para fluir, y a veces tantas trabas innecesarias que se acumulan por ahí. Se cierran los hombros, cual montañas de angustia a su alrededor. Se hunde el pecho en un mar de tristeza por aquel pasado irremediable. O se tropieza con rencores por esos otros descuidos sin sentido, por alguna torpeza sin razón.
Cómo reconforta la marcha al abrirse el camino, tras saladas olas de tormenta, cuando llegan las dulces lluvias de la paz y la esperanza. Sanan los afectos y los pulsos, la vida recobra plenitud y puede uno entregarse un poco más…

© Ricardo Medina Covarrubias, clipp
26 abril, 2008

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