lunes, diciembre 15, 2008

¿Alguien duda?

¿Quién podría dudar que exista en muchos la convicción de resguardar la inocencia? Contra todo lo que la amenace, más allá de las vejaciones mundanas. Supera sin duda toda fragilidad y desencanto, falsamente adultas y más bien adolescentes en su decepción.

¿Quién no reconoce que también hay gozo en la entrega? Y que se puede sonreír simplemente por ver ojos azorados de ilusión y bocas inundadas de sonrisas. Sin más premio que el encuentro, sin mayor recompensa que una dulce clandestinidad.

¿Quién puede negar que la magia se reproduzca en todo el mundo, cada año, generación tras generación? En modos infinitos, al regalar inocencia y entrega, más serenos y plenos quedan todos los pequeños duendes que actúan maquinando sus regalos de ilusión. Y estas cualidades les van encaneciendo y redondeando, con cada regalo y con cada estación.

¿Alguien duda que exista Santa Claus?

© clipp, Ricardo Medina Covarrubias
15 diciembre de 2008

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sábado, abril 26, 2008

Cordialidad

Cada impulso es flujo nuevo en las entrañas. Cada esfuerzo es vida llevada un poco más allá. Y hay veces que cuenta con tan poco espacio para henchirse a gusto y palpitar.
Tanto espacio necesario para fluir, y a veces tantas trabas innecesarias que se acumulan por ahí. Se cierran los hombros, cual montañas de angustia a su alrededor. Se hunde el pecho en un mar de tristeza por aquel pasado irremediable. O se tropieza con rencores por esos otros descuidos sin sentido, por alguna torpeza sin razón.
Cómo reconforta la marcha al abrirse el camino, tras saladas olas de tormenta, cuando llegan las dulces lluvias de la paz y la esperanza. Sanan los afectos y los pulsos, la vida recobra plenitud y puede uno entregarse un poco más…

© Ricardo Medina Covarrubias, clipp
26 abril, 2008

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lunes, diciembre 24, 2007

Intenso dar

I
Mi inocencia, sorprendida por la traición al afecto, afrontó confundida repetidos actos de violencia. Igual que la de cualquier niño. Sin poderse sustraer, sin refugio a dónde huir.
Y cada afrenta tapió gradualmente el encuentro. Clavo tras clavo en una cerca de separación. Y mi piel de por medio, entre la punzante angustia del acero y el seco desencanto del madero.
La herida infringida, con dolo o con torpeza, pervierte el vínculo y da extraña sombra al abrazo humano. Ofensa y culpa soplan en cruzado aliento que confunde, cuestiona y aisla. Caviló mi inocencia perdida, retraída sin certezas acerca el encuentro, el perdón o el amor.

II
Tantos años esperé inútilmente que el olvido arrancara el sufrimiento y el rencor. Como si el perdón fuera un asunto de sentir bonito y no un acto de dar con decisión, valentía y generosidad.
Por años mi niño se ha quejado, reclamando impotente. Tras la cana que arranco del fulano en el espejo observo que el tiempo me ha dado más que recuerdos amargos. Ahora soy también aprendizaje, fuerza y entender. Arropo con ternura a mi infante y decido ponerme a trabajar.
Me arrojo a darle nombre a toda esa hiel que me acompañó. Te doy tu lugar dolor, desconcierto y abandono. ¿Quién si no yo reconoce lo que habita en mi interior? Y si aquí sigo, es porque he podido darles mayor sentido a esas míseras semillas. Ahora en su lugar, hay fuerza, inteligencia y desapego.
Y respecto a los portadores de las dagas de mi infancia, pues son también víctimas de sus propias circunstancias. No se si arropen su niñez interior, si observen sus llagas, ni cuantos clavos haya en su cruz. Por mi parte, les doy el beneficio de la duda. Considero seriamente que, tal vez, no tenían más recursos a su alcance que su propia finitud.

III
Para mí, me doy el espacio para reconocerme nuevamente. Doy nuevo significado a mi herencia. Doy mi tolerancia a quien compartió conmigo espacios, carente de toda propiedad. Hoy el encuentro es de nuevo posible, las sonrisas son doblemente genuinas la plenitud abarca no tan sólo a la luz. Y en ese dar con intensidad, es que hallo el sentido del per-donar.

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Con profundo aprecio a todos quienes compartimos una historia común, de lenguaje, vivencias y esperanza. Felices fiestas.

© clipp, Ricardo Medina Covarrubias
24 de diciembre 2007

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miércoles, diciembre 05, 2007

Pulso vital

En el ciclo de lo eterno
Diferentes órdenes de lo perenne
Primero el agua a cielo abierto
En un mar de silicato que sostiene
Destellos de vida en refracción.

Con el palpitar del tiempo,
a través ciclos de horas y estaciones,
replica la tarea de lo cierto.
Alternan renuevos e ilusiones,
y aletea el anhelo del momento.

Palpita el pulso vital en tu pecho.
En destellos de metal y aliento,
portando en tu andar el tiempo,
con cada paso, en cada beso
eres vida, renacer y encuentro.

© clipp
Ricardo Medina Covarrubias,

(Sobre cómo la realidad se configura mediante diversos escalones de vida traslapados. Desde sus orígenes mecánicos en la repetividad, hasta su encarnación plena, en el amor compartido).

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domingo, noviembre 25, 2007

Nuevo aliento

Después de varios limbos, varado en un mar sin viento,
hínchanse las velas de mi pecho y surca de nuevo el navío interior.
El desapego con alegría, es factible en el encuentro.
El perdón se decide, al grabarlo con corazón que escucha.

Determino mi acto de oír con atención, al dolor creado por descuido previo.
Soy apertura las señales de tus ojos, las inflexiones de tu voz y el aroma de tu aliento. Grábate, Encuentro, en mi interior.

Y tras tempestad, incendio, decaer o témpano, te encuentro. En susurro de viento, dorar solar sobre la piel, brisa de refresco y silencio más allá del entender.

Y este encuentro graba con caricias mi corazón.

© clipp, 22 de noviembre de 2007
Ricardo Medina Covarrubias

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